Llegó el otoño señores. Menudo frio por Castilla la Mancha. Deseo el sol de Valencia, la luz.
Oigo caerse las hojas de los árboles, moverse en la tierra, por el fresco aire que me acaricia en este momento. Pronto, brotará vida de cada árbol. Es precios el paisaje, apenas puedo ver el cielo, pues está nublado. Quisiera estar rodeada de estrellas que me motiven a la fantasía e imaginación, que me transmitan luz. Pero no, no es el momento hoy.
Ahora, me siento como la tierra en otoño. Hay momentos en que la tierra está en plena fertilidad y reproduce vida, brota. La tierra, también necesita del descanso, para hacer mezcla y empezar con fuerza a mover de nuevo para que empiece a dar fruto junto con la ayuda del sol y el agua. También del aire.
el tiempo en el que está la tierra aparentemente sin cosechar, tambièn es necesario. Desde que llegué de América Latina, ya hace 2 meses, me encontraba en la época dorada, fértil. Ahora, siento que empieza a llegar el otoño en mí, para dejar caer las hojas, dejar que caduquen y estar a la espera de volver a cultivar. Lo comparo también,sin quererlo, con un abuelito. Con su misión en este mundo, su papel. Si pienso en plan bruto bruto , podría llegar a plantearme: para qué están? si viven aislados de todo, durmiendo 17 horas diarias. Qué sentido tiene? pero voy más allá. Si, su simple presencia ya es mucho, muchísimo. Cuánto nos tranquilizan, nos prestan su sabiduría, su experiencia en la vida, su fortaleza.
Es tiempo de discernir, de comtemplar, de acompañar y ser acompañada. Ahora, seguiré abriendo la mirada interior para reconocer a Dios, que se encuentra entre nosotros. A veces, muchas, no me atrevo a hacerlo.
Regresar hacia lo hondo, ir encontrando las pisadas, ir hacia el viento que sostuvo mi interés de ser árbol.
En tiempo de barbecho,
donde nunca pasa nada,
la tierra espera paciente
el feliz alumbramiento
de una cosecha amable
que cubra de regocijo
su crudo manto yermo.
El paisaje se extenúa
de soledades de frío
de grises y ocres viejos
Los alivios otoñales
quedan apostillados
al fondo de un granero,
como yacen los amantes
cautivos de sus palabras
en yermo alumbramiento.
Tiempo de simplemente estar.
Me llamas para el pan y la sal que me has dispuesto. Me hurgas por dentro, calculo las pisadas. Comtemplo.
Intento huir, librarme de él. Quiero jugar con los tiempos. No puedo. Es necesario el otoño. Tendré que idear.
El período de barbecho es una de las determinantes del éxito de un cultivo de invierno…