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Muros, por Galeano. noviembre 9, 2010

Archivado en: EDUCACIÓ SOCIAL — claraesperanza @ 11:15 pm

MUROS (Saharauis), por Eduardo Galeano en La Jornada, México, 24-4-06

El Muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche
leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la
Infamia, la Cortina de Hierro…

Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros han brotado,
siguen brotando, en el mundo, y aunque son mucho más grandes que el de
Berlín, de ellos se habla poco o nada.

Poco se habla del muro que Estados Unidos está alzando en la frontera
mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.

Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación
israelí de tierras palestinas y de aquí a poco será 15 veces más largo que
el Muro de Berlín.

Y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que desde hace 20 años perpetúa la ocupación marroquí del Sáhara occidental. Este muro, minado de punta a punta y de punta a punta vigilado por miles de soldados, mide 60 veces más que el Muro de Berlín.

¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos? ¿Será por los muros de la incomunicación, que los grandes medios de comunicación construyen cada día?

En julio de 2004, la Corte Internacional de Justicia de La Haya sentenció
que el Muro de Cisjordania violaba el derecho internacional y mandó que se
demoliera. Hasta ahora, Israel no se ha enterado.

En octubre de 1975, la misma Corte había dictaminado: “No se establece la
existencia de vínculo alguno de soberanía entre el Sahara Occidental y
Marruecos”. Nos quedamos cortos si decimos que Marruecos fue sordo. Fue peor: al día siguiente de esta resolución desató la invasión, la llamada
Marcha verde, y poco después se apoderó a sangre y fuego de esas vastas
tierras ajenas y expulsó a la mayoría de la población.

Y ahí sigue.

Mil y una resoluciones de las Naciones Unidas han confirmado el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

¿De qué han servido esas resoluciones? Se iba a hacer un plesbiscito, para
que la población decidiera su destino. Para asegurarse la victoria, el
monarca de Marruecos llenó de marroquíes el territorio invadido. Pero al
poco tiempo, ni siquiera los marroquíes fueron dignos de su confianza. Y el
rey, que había dicho sí, dijo que quién sabe. Y después dijo no, y ahora su
hijo, heredero del trono, también dice no. La negativa equivale a una
confesión. Negando el derecho de voto, Marruecos confiesa que ha robado un país.

¿Lo seguiremos aceptando, como si tal cosa? ¿Aceptando que en la democracia universal los súbditos sólo podemos ejercer el derecho de obediencia?

¿De qué han servido las mil y una resoluciones de las Naciones Unidas contra la ocupación israelí de los territorios palestinos? ¿Y las mil y una
resoluciones contra el bloqueo de Cuba?

El viejo proverbio enseña:

La hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud.

El patriotismo es, hoy por hoy, un privilegio de las naciones dominantes.

Cuando lo practican las naciones dominadas, el patriotismo se hace
sospechoso de populismo o terrorismo, o simplemente no merece la menor
atención.

Los patriotas saharauis, que desde hace 30 años luchan por recuperar su
lugar en el mundo, han logrado el reconocimiento diplomático de 82 países.
Entre ellos, mi país, el Uruguay, que recientemente se ha sumado a la gran
mayoría de los países latinoamericanos y africanos.

Pero Europa, no. Ningún país europeo ha reconocido a la República Saharaui.
España, tampoco. Este es un grave caso de irresponsabilidad, o quizá de
amnesia, o al menos de desamor. Hasta hace 30 años el Sahara era colonia de España, y España tenía el deber legal y moral de amparar su independencia.

¿Qué dejó allí el dominio imperial? Al cabo de un siglo, ¿a cuántos
universitarios formó? En total, tres: un médico, un abogado y un perito
mercantil. Eso dejó. Y dejó una traición. España sirvió en bandeja esa
tierra y esas gentes para que fueran devoradas por el reino de Marruecos.
Desde entonces, el Sahara es la última colonia del Africa. Le han usurpado
la independencia.

¿Por qué será que los ojos se niegan a ver lo que rompe los ojos?

¿Será porque los saharauis han sido una moneda de cambio, ofrecida por
empresas y países que compran a Marruecos lo que Marruecos vende aunque no sea suyo?

Hace un par de años, Javier Corcuera entrevistó, en un hospital de Bagdad, a una víctima de los bombardeos contra Irak. Una bomba le había destrozado un brazo. Y ella, que tenía ocho años de edad y había sufrido once operaciones,
dijo:

-Ojalá no tuviéramos petróleo.

Quizás el pueblo del Sahara es culpable porque en sus largas costas reside
el mayor tesoro pesquero del océano Atlántico y porque bajo las inmensidades de arena, que tan vacías parecen, yace la mayor reserva mundial de fosfatos y quizá también hay petróleo, gas y uranio.

En el Corán podría estar, aunque no esté, esta profecía:

Las riquezas naturales serán la maldición de las gentes.

Los campamentos de refugiados, al sur de Argelia, están en el más desierto
de los desiertos. Es una vastísima nada, rodeada de nada, donde sólo crecen las piedras. Y sin embargo, en esas arideces, y en las zonas liberadas, que no son mucho mejores, los saharauis han sido capaces de crear la sociedad más abierta, y la menos machista, de todo el mundo musulmán.

Este milagro de los saharauis, que son muy pobres y muy pocos, no sólo se
explica por su porfiada voluntad de ser libres, que eso sí que sobra en esos
lugares donde todo falta: también se explica, en gran medida, por la
solidaridad internacional.

Y la mayor parte de la ayuda proviene de los pueblos de España. Su energía solidaria, memoria y fuente de dignidad, es mucho más poderosa que los vaivenes de los gobiernos y los mezquinos cálculos de las empresas.

Digo solidaridad, no caridad. La caridad humilla. No se equivoca el
proverbio africano que dice: La mano que recibe está siempre debajo de la
mano que da.

Los saharauis esperan. Están condenados a pena de angustia perpetua y de perpetua nostalgia. Los campamentos de refugiados llevan los nombres de sus ciudades secuestradas, sus perdidos lugares de encuentro, sus querencias: El Aaiún, Smara…

Ellos se llaman hijos de las nubes, porque desde siempre persiguen la
lluvia.

Desde hace más de 30 años persiguen, también, la justicia, que en el mundo de nuestro tiempo parece más esquiva que el agua en el desierto.

 

no tinguem por noviembre 8, 2010

Archivado en: Uncategorized — claraesperanza @ 6:53 am

No tengas miedo, no tengas miedo, si crees en lo que sueñas, lo alcanzarás…

Gracias Lorenzo por el reflejo de amor en tus canciones!

 

estamos en otoño. Tiempo de barbecho… noviembre 1, 2010

Archivado en: Uncategorized — claraesperanza @ 9:53 pm

Llegó el otoño señores. Menudo frio por Castilla la Mancha. Deseo el sol de Valencia, la luz.

Oigo caerse las hojas de los árboles, moverse en la tierra, por el fresco aire que me acaricia en este momento. Pronto, brotará vida de cada árbol. Es precios el paisaje, apenas puedo ver el cielo, pues está nublado. Quisiera estar rodeada de estrellas que me motiven a la fantasía e imaginación, que me transmitan luz. Pero no, no es el momento hoy.

Ahora, me siento como la tierra en otoño. Hay momentos en que la tierra está en plena fertilidad y reproduce vida, brota.  La tierra, también necesita del descanso, para hacer mezcla y empezar con fuerza a mover de nuevo para que empiece a dar fruto junto con la ayuda del sol y el agua. También del aire.

el tiempo en el que está la tierra aparentemente sin cosechar, tambièn es necesario. Desde que llegué de América Latina, ya hace 2 meses, me encontraba en la época dorada, fértil. Ahora, siento que empieza a llegar el otoño en mí, para dejar caer las hojas, dejar que caduquen y estar a la espera de volver a cultivar. Lo comparo también,sin quererlo, con un abuelito. Con su misión en este mundo, su papel. Si pienso en plan bruto bruto , podría llegar a plantearme: para qué están? si viven aislados de todo, durmiendo 17 horas diarias. Qué sentido tiene? pero voy más allá. Si, su simple presencia ya es mucho, muchísimo. Cuánto nos tranquilizan, nos prestan su sabiduría, su experiencia en la vida, su fortaleza.

Es tiempo de discernir, de comtemplar, de acompañar y ser acompañada. Ahora, seguiré abriendo la mirada interior para reconocer a Dios, que se encuentra entre nosotros. A veces, muchas, no me atrevo a hacerlo.

Regresar hacia lo hondo, ir encontrando las pisadas, ir hacia el viento que sostuvo mi interés de ser árbol.

En tiempo de barbecho,
donde nunca pasa nada,
la tierra espera paciente
el feliz alumbramiento
de una cosecha amable
que cubra de regocijo
su crudo manto yermo.
El paisaje se extenúa
de soledades de frío
de grises y ocres viejos
Los alivios otoñales
quedan apostillados
al fondo de un granero,
como yacen los amantes
cautivos de sus palabras
en yermo alumbramiento.

Tiempo de simplemente estar.

Me llamas para el pan y la sal que me has dispuesto. Me hurgas por dentro, calculo las pisadas. Comtemplo.

Intento huir, librarme de él. Quiero jugar con los tiempos. No puedo. Es necesario el otoño. Tendré que idear.

El período de barbecho es una de las determinantes del éxito de un cultivo de invierno…

 

 

 
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